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Los "Jabalíes" Cortes Rugby

Torneo 6 Naciones con mucha historia

Torneo 6 Naciones con mucha historia

"No es una semana aguantando las bromas de tu rival, es un año viendo cómo tus vecinos, ya sean irlandeses, ingleses o escoceses, te recuerdan cada día tu derrota". Esta frase del genial apertura galés Jonathan Davies, elegido por la prestigiosa revista inglesa Rugby World en 1996 entre los cincuenta mejores jugadores de todos los tiempos, refleja bien a las claras el espíritu del VI Naciones, lo que significa, especialmente para los británicos, el torneo más antiguo del mundo. Y es que más de 137 años de rugby y tres siglos distintos contemplan esta competición desde que en 1871 Inglaterra y Escocia disputaran su primer partido, aunque la genésis del torneo como tal haya que buscarla en la década de los ochenta de la decimonovena centuria.


Una larga historia que, lógicamente, ha dado paso a una larguísima sucesión de anécdotas e historias curiosas que hablan mejor que nada de la idiosincrasia especial de un torneo que es algo más que una competición deportiva, como bien reflejaba el galés Davies. Y es que, hasta no hace muchos años, cada jugador se pagaba de su bolsillo su propia camiseta para poder disputar el V Naciones, pues por entonces Italia no había sido invitada al mayor espectáculo del mundo... oval. Lo dicho, son las otras historias del Torneo VI Naciones.

Único torneo que 'premia' al perdedor...
Empezando porque es el primer torneo en el que se ha premiado a la selección que pierde todos los partidos. El dudoso honor de no sumar un solo punto se traduce en la 'Cuchara de Madera'. El término nació con el propio torneo cuando en la Universidad de Cambridge existía un sistema por el cual los alumnos que se presentaban al examen final se agrupaban en tres categorías. El primer estudiante que ocupó el último puesto del último grupo fue un tal Master Wedgewood y su grupo fue conocido desde entonces como 'Wooden Wedge', acuñado de madera, en honor al apellido del alumno. Con el paso del tiempo el apelativo se modificó y derivó en el actual 'Cuchara de Madera' o 'Wooden Spoon', en contraposición con la popular expresión británica de 'nacido con cuchara de plata', utilizada para describir a los nacidos en una familia adinerada. Es decir, lo que nosotros conocemos como 'nacer con un pan debajo del brazo'. Esta es la otra versión -la primera, en el apartado records-. La expresión trascendió rápidamente al ámbito deportivo y tanto en Cambridge como en la Universidad de Oxford se comenzó a premiar con la 'Cuchara de Madera' a los últimos clasificados.

Sin cambios y jugando hasta caer desmayado...
Otra de las 'tradiciones' de este deporte es que no había sustituciones a menos que los doctores de los dos equipos ratificaran que el jugador en cuestión no podía seguir en el terreno por una lesión. Incluso hubo una época en que los lesionados se retiraban y dejaban al equipo en inferioridad. Tiempos de épica en los que los jugadores se dejaban la vida en el terreno de juego, casi literalmente. Como le ocurrió al galés Jehoida Hodges, en 1903, cuando comenzó jugando de pilier ante Inglaterra y se lesionó muy pronto tras un choque con un rival. En lugar de retirarse, se retrasó a la línea de tres cuartos y lideró, mermado físicamente, las acometidas galesas llegando incluso a lograr tres ensayos. Luego cayó desmayado, nada más acabar el encuentro.

Jeffrey y Richards acabaron a patadas con la Calcuta Cup...
La Copa Calcuta es el trofeo que se entrega al vencedor del choque anual entre Inglaterra y Escocia, génesis de este torneo. Dicho trofeo se mantuvo intacto y a salvo desde 1879 hasta 1988, justo cuando el escocés John Jeffrey y el inglés Dean Richards fueron más allá en el tercer tiempo y, completamente borrachos, jugaron al fútbol con ella por las calles de Edimburgo. La reparación de los desperfectos de la copa costó unas 250.000 pesetas. Un incidente que nos recuerda la histórica frase que compara los dos deportes más queridos en Gran Bretaña: "El fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos, mientras el rugby es un deporte de villanos disputado por caballeros". Y eso que Jeffrey y Richards no hicieron honor a dicha descripción.

Del entrenamiento con cerdos a jugar sin botas...
El capitán de Escocia en 1924, Wavell Wakefield, reconoció en público que había perfeccionado su técnica en los placajes defensivos entrenándose con cerdos en la granja de un amigo. "Es ideal, porque tienes que agarrarles con cuidado de no romperles las patas y, a la vez, tienes que evitar que no te arañen la cara con las pezuñas". Lo que nunca quiso dejar caer Wakefield es que estableciese ningún paralelismo con los rivales. Es algo que en rugby ni se imagina uno. Peor es lo de otro escocés, Jock Wemyss, que disputó dos ediciones del torneo antes de la I Guerra Mundial y después de la contienda tuvo que jugar contra Francia en 1920... sin botas, ya que la Federación se negó a proporcionarle un par nuevo alegando que el jugador deberia haber conservado las que tenía antes de la Gran Guerra. Economía de guerra, que se dice y nunca mejor dicho.

Un héroe que renunció a la fama por vaguería...

En 1910, Bert Solomon visitó por primera y única vez la camiseta de la Rosa. Aquel día anotó el ensayo que permitió a Inglaterra batir a País de Gales, provocando el primer triunfo internacional inglés ya como V Naciones. Solomon recibió infinidad de ofertas para jugar en diversas ciudades y en numerosos clubes, pero desechó todas porque "el viaje desde Redruth, su lugar de residencia, a Cornwall, lugar en el que entrenaba, es muy cansado para hacerlo regularmente".
Del himno de los esclavos en Twickenham a la rivalidad galesa...
La habitual canción o himno oficioso que entonan los aficionados ingleses en cada partido, sobre todo cuando las cosas marchan bien para su equipo, es el 'Sweet Chariot' (Linda Calesa), la canción que solían entonar los esclavos africanos camino de América y que tiene una curiosa historia, la de Harriet Tubman, una esclava que vivía en Maryland con sus diez hijos y que una noche de 1849 escapó en su carreta guiándose por la Estrella Polar y alcanzó el Norte, es decir la libertad, a pesar de atravesar peligrosos caminos repletos de cazarecompensas en busca de esclavos en fuga. Pero no contenta con ella, regresó en quince ocasiones al Sur en busca de esclavos a los que salvar en su carroza y su cabeza llegó a valer cuarenta mil dólares.
Una canción que no gusta oir a irlandeses, escoceses y, sobre todo, galeses...
Y es que la rivalidad es tal que en 1994, así rezaba un anuncio de la selección de País de Gales de cara al Torneo V Naciones de ese año. "Fee Fi Foe Fun, puedo oler la sangre de un inglés. Esté vivo o muerto, machacaré sus huesos para hacer nuestro pan". Muy literario y nada literal, ya que por encima de todo la deportividad preside este deporte de mucho contacto.

Si hay que jugar con protección policial, mejor no jugar...
Buena prueba del espíritu deportivo que rige este deporte es el incidente de 1913. En los primeros años había cierto desconocimiento de las reglas por parte de los aficionados y pasaban cosas tan sorprendentes como la visita de Escocia al Parque de los Príncipes. Los galos no pudieron repetir el triunfo de dos años antes y el público, decepcionado, creyó que el árbitro inglés le había robado el triunfo a Francia. Míster Baxter tuvo que abandonar el estadio escondido en el coche del internacional francés Failliot, en una época en la que no había muchos autos. La respuesta de la Federación Escocesa fue contundente. "Si un partido no puede ser jugado más que con la protección de la policía, no vale la pena que sea jugado. Es absolutamente necesario enseñar a los espectadores que las tradiciones del rugby deben ser mantenidas, no importa dónde se juegue, y una de esas tradiciones capitales es el respeto y la inviolabilidad del arbitraje". Aún hoy da gusto oir a los jugadores de la Liga española dirigirse al árbitro, como "Señor...".
El idilio de Lady Di y Will Carling...
Por último, en la memoria de casi todos todavía está presente el presunto romance entre Will Carling, uno de lo mejores jugadores ingleses de todos los tiempos y capitán del 'XV de la rosa', y la princesa Lady Di, que llegó a ocupar las portadas de las revistas británicas a mediados de los noventa. Carling, por entonces capitán de los ingleses, llegó a renunciar a jugar con Inglaterra en la edición de 1997 y un año después abandonó definitivamente el rugby. Además, ya se sabe que en Inglaterra quien haya jugado con la selección de la rosa tiene su vida resuelta, ya que nunca le faltará un puesto de trabajo de cierta consideración en cualquier empresa.

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